sábado, 8 de marzo de 2008

DE CINCO A SIETE

La familia Ruiz Cuadrado vive en un barrio chabolista de Madrid. En una pequeña casa, de escasos veinte metros cuadrados. Siete individuos, siete personalidades compartiendo el mismo colchón.
Siete piezas de una realidad que se encuentra gobernada por un futuro que no es capaz de mirar más allá.
El abuelo Ruiz Cuadrado, que trafica con películas de DVD por el barrio, como si se tratara del proveedor oficial de lujosas horas de ocio; con sus zapatillas de cuadros y su bolsa azul de viajes Tejedor al hombro recorre las calles sin asfaltar.
El marido Ruiz Cuadrado, abonado a las listas del INEM desde hace más de diez años, sólo vive ya al amparo del sol de los buenos ratos, compartiendo quintos con los amigos, en el bar “MI DESCANSO”.
Y tres muchachos estudiantes: Amelita, Jorge y Carlos. Con pocas intenciones de acabar de estudiar para más desesperación de la última habitante, la madre, Marisa, y con muchas ganas de correr las calles.
Hasta aquí, esta historia podría parecer la típica historia que nos recuerde que no todos somos tan iguales en este globalizado mundo.
Pero lo más curioso del caso es que cada tarde a las cinco en punto, Marisa, señora de Ruiz Cuadrado, entra en el Hotel Ritz. Va a jugar su partida de brigde, con las amigas de la infancia: Teresita Marcos, Luisita Aguirre y Paca Gutiérrez.
Marisa trabaja de siete a tres en los laboratorios Peláez, sección empaquetado de medicamentos y recuento de estocs. Cada mañana se levanta a las cinco para cruzar la ciudad en metro y llegar hasta el laboratorio, con cara de café sin azúcar y bollo caducado.
Pero a las tres y media, ya es otra mujer. Entra en el Corte Inglés de Callao, sección “alta costura señoras” y se va derechita a los probadores donde se transforma en la mujer chic que ve orgullosa delante del espejo. El fantástico traje de cuadros a juego con zapatos y bolso que luce, nadie podría imaginar que hace tres días colgará del escaparate de la tienda del Maletas, especialista en aeropuertos y estaciones, con el último grito en moda siempre a su disposición. Aunque también reconoce que las oportunidades Damart la han hecho deslumbrar muchas veces en sus apariciones.
Y ya sale por la puerta, la señora de Ruiz Cuadrado, director del holding Wolfe Enterprise, lista para coger un taxi al Hotel Ritz.
El botones le abre la puerta y ella con un buenas tardes, seguro de sí mismo, cruza el hall hacía el salón principal, donde ya sus animadas amigas se encuentran.
Besos sonoros y un “ay!!! Hija, tú siempre tan a la moda” de Teresita Marcos la hacen sentir la protagonista estelar de la tarde por un instante.
Ahora está en su papel de mujer chic que juega a las cartas con sus amigas de cinco a siete.
Atrás quedan los ratos de infatigable actividad en el laboratorio, las prisas para recoger la cena de la familia en la pollería de Encarnita, las tardes de supermercado y fregona, la taquilla de Atocha.
Su sonrisa Profident le blanquea el alma.
De cinco a siete cada tarde en el Hotel Ritz.

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